El uso cotidiano de la tecnología y la inteligencia artificial plantea nuevos retos para familias, escuelas y estudiantes, quienes hoy conviven en un entorno digital que avanza más rápido que las reglas para habitarlo. La preocupación ya no se centra sólo en saber usar dispositivos, sino en aprender a hacerlo de manera consciente, ética y saludable.
El tema fue abordado en un episodio de Contrapuesto, una producción de Grupo Multimedia, EL DIARIO de Coahuila, Jesús Cervantes, conversó con Dina Fajardo, doctora en Educación y directora de Kmbal, organización dedicada al desarrollo de programas de ciudadanía y bienestar digital.
Fajardo explicó que, tras la pandemia y la llegada masiva de la inteligencia artificial generativa, el crecimiento tecnológico se aceleró sin una guía clara para los usuarios. Estudios y consultas realizadas por su organización, que incluyeron a más de mil 700 padres de familia y 400 docentes en México, revelan un temor generalizado sobre cómo controlar, regular y aprovechar la tecnología sin poner en riesgo la seguridad y el bienestar de niños y adolescentes.
Uno de los conceptos clave es la huella digital, es decir, el rastro permanente que dejan las acciones en línea. Publicaciones, mensajes, fotografías y reacciones construyen una reputación digital que puede acompañar a una persona durante años. “Pausar antes de publicar, respetar a los demás y ser conscientes de lo que compartimos es parte fundamental de la ciudadanía digital”, subrayó la especialista.
El bienestar digital, añadió, implica encontrar un equilibrio entre el mundo físico y el digital, utilizando la tecnología con intención y propósito. Lejos de prohibir su uso, la tendencia internacional apunta a integrarla de forma transversal en la educación, como ya ocurre en algunos países de Europa, donde se enseña a estudiantes a interactuar de manera crítica y responsable con los medios digitales.
Finalmente, Fajardo alertó sobre otros riesgos que suelen pasar desapercibidos, como la desinformación, el contacto con desconocidos, el impacto en la salud mental y el desarrollo infantil, así como la sobreexposición a pantallas. Coincidió en que el reto es compartido: escuelas, docentes y familias deben abrir el diálogo, repensar la educación y acompañar a las nuevas generaciones en la construcción de hábitos digitales saludables.




