Un silencio ansioso cayó sobre la capital de Venezuela el domingo en el que la inquietud se mezclaba con la alegría mientras la nación aguarda a ver qué sucederá a continuación.
Las actividades habituales tardaban en reanudarse en Caracas después de que el presidente Nicolás Maduro fuera depuesto y capturado en una impactante operación militar de Estados Unidos. Docenas de tiendas, restaurantes e iglesias permanecieron cerrados. Aquellos que andaban en las calles parecían aturdidos, mirando sus teléfonos o al vacío.
“La gente todavía esta conmocionada”, declaró David Leal, de 77 años, quien llegó a trabajar como asistente de estacionamiento, pero se percató de que probablemente no tendría clientes. Señaló la calle desierta, a unas pocas cuadras del palacio presidencial de Venezuela, el cual estaba custodiado por civiles armados y personal militar.
MIEDO A FESTEJAR
En Estados Unidos y algunos países de América Latina se festejó la destitución de Maduro. En Venezuela, la escena fue distinta. Algunos de sus partidarios quemaron banderas estadounidenses y sostenían carteles que decían: “Gringo, vete a casa”.
Otros silenciaron cualquier sentimiento contrario a Maduro por ahora. Daniel Medalla, un trabajador de la construcción, señaló que la gente no se atrevía a celebrar por miedo a la represión del gobierno.
“Lo estábamos anhelando mucho”, manifestó Medalla, de 66 años, sobre la salida de Maduro.
Aún están frescos los recuerdos de la represión gubernamental tras las elecciones presidenciales de 2024, que Maduro dijo haber ganado a pesar de evidencia creíble de que perdió por un margen de más de 2 a 1. Las protestas dejaron 28 personas muertas, 220 heridas y al menos 2.000 detenidas, según cifras oficiales.




